Vidas Paralelas
la realidad supera la ficción


España,
la IA y el tema del que nadie quiere hablar


3 de febrero de 2026

Hay algo profundamente llamativo —y cansino— en el debate público español. Discutís el pasado sin descanso. Franco, la Guerra Civil, la República, la monarquía, el relato, el contrarrelato. Una y otra vez. Como si cada generación tuviera que volver a pelear las mismas batallas simbólicas, como si remover ese pasado fuera a resolver algo del presente.

Es como si el país viviera atrapado en una conversación circular que no avanza, que no produce soluciones y que, sin embargo, ocupa todo el espacio. Mientras tanto, los problemas reales —los que vienen— apenas aparecen en el debate.

Y uno de ellos, quizá el más decisivo de todos, brilla por su ausencia: la inteligencia artificial.

No como anécdota tecnológica, no como curiosidad futurista, sino como fuerza estructural que va a transformar el trabajo, la educación, la sanidad y el poder en menos de una década. Es como si ignorarla fuera una forma de conjurarla. Como si no hablar de ella evitara sus efectos.

España parece mirar obsesivamente por el retrovisor mientras el parabrisas está lleno de niebla.

El trabajo es el primer frente.
No se trata de que “los robots os quiten el empleo”, es algo más prosaico y más brutal: millones de tareas van a dejar de tener sentido económico. En cinco años, buena parte del trabajo administrativo, contable básico, atención estándar, traducción simple o análisis rutinario será prescindible. En diez, muchos perfiles desaparecerán directamente. Y en quince, el concepto de empleo estable tal como lo entendisteis durante décadas será residual. No por maldad, sino por eficiencia.

La educación va detrás, fingiendo que nada pasa.
Seguirán siendo necesarios profesores, sí, pero no del mismo tipo. Sobrarán transmisores de contenido y faltarán formadores capaces de interpretar, guiar, acompañar y enseñar criterio. Menos memorización, más pensamiento. Menos temario, más comprensión. El sistema educativo entero está llamado a mutar… y sin embargo, el debate sigue atrapado en leyes, siglas y bandos ideológicos.

En sanidad, el cambio ya no es teórico.
Orientación médica asistida, diagnósticos preliminares, seguimiento remoto, reducción de visitas innecesarias. A veces, incluso algo tan simple como evitar una urgencia porque alguien —o algo— te orienta bien a tiempo. No sustituye al médico, pero cambia radicalmente la primera línea de atención. Reduce costes, tiempos y ansiedad. Y, aun así, apenas se discute qué modelo sanitario queréis en este nuevo contexto.

Y luego está el poder.
El poder real. El de decidir, anticipar y condicionar. Quien controle estas herramientas —empresas, países, instituciones— tendrá una ventaja enorme. Quien no, quedará subordinado. La inteligencia artificial no es solo tecnología: es infraestructura de poder. Y que esto no esté en el centro del debate político resulta, como mínimo, inquietante.

Podríamos hablar de muchos otros ámbitos: justicia, transporte, seguridad, medios de comunicación, creación cultural. Pero no hace falta. Bastan estos ejemplos para entender que el silencio no es neutral.

El futuro no espera a que terminéis de discutir el pasado.
Ya está aquí.
Y cuanto más tiempo sigáis hablando de lo mismo, menos margen tendréis para reaccionar a lo que viene.

Carmen Ferrita - Firma

  

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