Vidas Paralelas
la realidad supera la ficción


Cuando Dios fichó por Silicon Valley


29 de septiembre de 2025

Lo he visto, lo he leído, y casi lo he rezado: Dios ha fichado por Silicon Valley.

No es una metáfora. Existen aplicaciones —reales, descargables, con suscripciones y todo— que dicen hablar en nombre del Altísimo. Te conectas, preguntas cualquier cosa y una voz digital te responde con lenguaje celestial: “Hijo mío, confía en Su plan divino”. Así, sin anestesia.

Detrás de ese tono solemne, en realidad, no hay milagros. Hay algoritmos. Redes neuronales que aprenden a imitar textos sagrados, a mezclar versículos, a sonar como un profeta con buena dicción y pésima teología.

Porque la IA no piensa, no cree, no duda: solo calcula probabilidades. Suena profundo… porque sabe qué palabras suelen venir después de cuáles. No porque entienda a Dios, ni a ti.


Y sin embargo, miles de personas ya lo usan. Algunos para orar. Otros para pedir consejo. Otros —no sé si reír o llorar— para confesarse con un chatbot que jamás te juzga.

La lección es clara: la IA puede sonar sabia, piadosa y convincente… sin tener la más mínima idea de lo que dice. Es estadística, no fe. Es predicción de palabras, no revelación divina.

  

Y aquí es donde dejamos de hablar de códigos y estadísticas para entrar en el territorio más frágil y humano: el de la fe.

Por eso, antes de dejar que la tecnología nos predique, conviene recordar que creer en Dios siempre fue un salto al vacío... confiar sin pruebas, apostar por algo que no puedes medir ni demostrar, seguir adelante aun con dudas.
Hay quien dice que es un don, casi una suerte, porque vivir convencido de que la muerte es solo una transición y no un abismo debe de dar una paz inmensa.

Creer en un chatbot, en cambio, es solo un acto de fe… en Silicon Valley.

Vidas Paralelas - Firma de Carmen Ferrita


  

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