Introducción
El expolio perfecto no necesita culpables, solo testigos distraídos
Junio de 2025
Entre 2010 y 2020, el 51 % del sistema financiero español desaparece y…
¡No pasó nada!
- Las cajas de ahorros nacieron en España hace más de tres siglos.
- No se parecían a los bancos comerciales. Eran entidades con vocación social.
- Su misión: custodiar pequeños ahorros y conceder préstamos con intereses bajos a familias humildes y pequeños emprendedores.
- Representaban seguridad, estabilidad y servicio público. No perseguían beneficios privados.
- Su imagen era la de instituciones serias, solventes, arraigadas en lo local y gestionadas con honestidad.
- En 1985 se promulgó una nueva Ley de Cajas con la intención de “modernizar su concepto y dotarlas de un marco legal acorde con las nuevas realidades”.
- En la práctica, fue el inicio de su desmantelamiento ético, la puerta de entrada a su desnaturalización.
- La ley permitió la entrada de partidos políticos, sindicatos y organizaciones empresariales en sus órganos de gobierno.
- A partir de entonces, muchas cajas se convirtieron en herramientas de poder, corrupción y clientelismo.
- Se ocuparon cargos sin criterio técnico ni profesional.
- Comenzaron operaciones de riesgo sin control ni rendición de cuentas.
- Las decisiones dejaron de responder al interés del ahorrador. Primaba el interés del político, del constructor, del amigo… o del familiar.
- La práctica totalidad de las cajas (más de 50) quedaron atrapadas en una estructura paralela de poder financiero con apariencia legal.
- En 2008 estalla la crisis financiera global.
- Las cajas de ahorros, que representaban más del 50 % del sistema financiero español, estaban estructuralmente debilitadas. Contablemente eran un castillo de naipes.
- El Estado organiza un rescate de más de 70.000 millones de euros. Dinero público. Dinero de todos.
- Ese dinero nunca se recuperó. Ni se exigió.
- A pesar del rescate, muchas cajas quebraron. Otras se fusionaron sin transparencia. Se socializaron las pérdidas. Se blindaron los culpables.
- La más emblemática: Caja Madrid.
- Convertida más tarde en Bankia, fue el epicentro del fraude. El símbolo de la impunidad.
- Cientos de miles de pequeños ahorradores lo perdieron todo. O casi todo.
Y sí,
a pesar del rescate,
a pesar de las denuncias,
a pesar del dolor real de cientos de miles de familias arruinadas,
a pesar de la teórica vigilancia del Banco de España,
de la Comisión Nacional del Mercado de Valores,
de los Ministerios de Economía y Hacienda,
y de los inspectores y funcionarios públicos encargados de velar por la legalidad…
¡No pasó nada!
Nada esencial: ni política, ni penalmente.
Y moralmente… lo justo para disimular. No lo suficiente para cambiar nada.
Porque aquello no fue un accidente.
Ni una negligencia.
Ni una cadena de errores.
Fue una colonización progresiva, oportunista y consentida.